Primeros días como celiaco, ¿celi-qué, perdona?

Hace unos años empecé a perder peso de un modo bastante preocupante. En menos de 2 meses perdí 12 kilos. ¿La razón?

Fue mi primer año siendo independiente, así que pensé que me había entrado un virus, que estaba comiendo mucha comida basura o que igual estaba demasiado estresado. Como la cosa continuaba, al poco tiempo fui al ambulatorio para ver qué ocurría. Me hicieron todo tipo de pruebas: análisis de sangre, de heces, de orina y finalmente un lavado intestinal (enema), del cual no voy a dar detalles…

Un médico absolutamente incompetente me dijo casi sin mirarme a la cara: “bueno Sr. Escribano, ya sabemos que le ocurre: es usted celiaco.” Dando casi por finalizada la consulta. Mmhmm… 0.O No os podéis imaginar la cara de tonto que se me quedó cuando me dijo esa palabra. Le contesté: “¿Disculpe? ¿Qué es eso?” mirando al mismo tiempo a la enfermera como pidiendo explicaciones. Y el muy sinvergüenza, con más prisa que risa, va y me dice: “no, usted que es joven, búsquelo por internet!” o.O Whaat?
Después de cagarme en su familia internamente, en un ejercicio de autocontrol le pregunté humildemente de qué se trataba eso, que no lo había escuchado nunca. Así que por último me dijo rápidamente la lista de cereales a los que iba a ser alérgico el resto de mi vida, y por lo tanto, no iba a poder comer. Trigo, Avena, Cebada y Centeno (entre otros) me dijo…

Salí de la consulta con una sensación múltiple, estaba bastante confundido, con ganas de saber qué carajo tenía exactamente, y… también con ganas de matar a alguien (porque el estúpido del médico me pseudo envió a la mierda tratándome como un número más).

En la recepción dieron los resultados de las analíticas, una palmadita en la espalda y santas crismas. Lo curioso de todo esto es que me notificaron que era celiaco la tarde antes de viajar a Buenos Aires, Argentina. Me iba a poner a investigar sobre la alergia esta que me sonaba a chino, pero… tenía que hacer la maleta (las hago siempre en el último momento), así que el tiempo apremiaba.

Después de un atormentado vuelo donde, literal, tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia, (os lo cuento aquí) me dispuse a ir a comprar algo de comida al supermercado. ¡Vaya show! Yo nunca me había fijado en las etiquetas de los productos mas que para ver si estaba caducado, y al empezar a hacerlo… pasaba 2 horas en compras pequeñas en el típico colmado para comprobar si ese productor mi estómago lo podía tolerar o no. ¡Y eso que estaba escrito en mi lengua!

Lo bueno es que en Argentina el símbolo típico de alimentos aptos para celiacos es bastante descriptivo. Pone “sin T.A.C.C.”, que son precisamente las iniciales de Trigo, Avena, Cebada y Centeno, lo único que yo sabía por entonces.

Como curiosidad os diré que dado que llevaba tantas semanas sin alimentarme bien, sin nutrirme de la mayoría parte de las cosas que comía, recuerdo perfectamente ir a comer pollo asado (sin ninguna salsa rara que pudiese afectar a mi estómago) a casa de unos familiares y empecé a comer e inconscientemente… me comí un pollo entero, medio de otro + postre. ¿Por qué? ¡Porque por fin pude nutrirme de lo que comía!

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Razona para unir, no para separar!

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